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Naturalmente suficiente las complicaciones de la filmmasterpiece de Lewton aunque apenas es de saltos elípticos y oblicuo suggestioncan comparar a la proliferación parcela puntos en libro Pynchons, su torbellino familiar de jetsam psíquica cuyos remolinos sólo generan más irresoluble complejidades. Aquí la bañera de hidromasaje está calibrado a un momento histórico preciso que hace mucho tiempo llegó a ser estereotipadas, y cuya particularidad completo Pynchon pretende restaurar: repentina conciencia de la evaporación de la counterculturearticulated en 1970 en John Lennons el sueño es y experimentada por Doc cajero, mientras que está pasando, como un fastidio bajo nivel sobre cómo los psicodélicos sesenta, este pequeño paréntesis de luz, podría cerrar después de todo, y todo se pierda, llevado de vuelta a la oscuridad. La forma del ojo privado proporciona un vehículo para investigar la cuestión de que perdido, robado, o muertos, o le lavaron el cerebro o había desnaturalizado la mente Sixtiesnever que ninguna respuesta satisfactoria podría ser próxima Pynchon. Pynchon parece haber ingerido un archivo entero de variaciones de género, que van desde las formas clásicas de Raymond Chandler y Ross Macdonald a cada subespecie de pastiche y burlesco: Roger L. Simons detective para fumar marihuana Moses Wine, Gregory MacDonalds Fletch, el tipo de hermanos Coen en The Big Lebowski, spin-offs TV un centenar. Su no trata de homenaje sino de tirar absolutamente todo en la mezcla para su procesamiento, cada partícula callejero de un chiste común cultureevery bueno o malo que has oído hablar, cada comercial no poder escapar de cada sexo fantasía o sensacionalista historia del crimen que habitaron sus sueños, cada línea de la etiqueta dragado de antiguas tiras cómicas o historias de pulpa. Este es un libro que se deriva una buena parte de su arco narrativo de una investigación sobre el mensaje críptico: cuidado con los colmillos de oro. El detective drogado es el sustituto perfecto psicopompo y Docs surfside cojín en la mítica playa Gordita el centro aún desde dentro de la cual contemplar el remolino de bandas de surf y salones de masaje, las pandillas de motociclistas Nazi y colectivos revolucionarios negros, agentes del FBI y místicos de la lectura del tarot, un detective de policía pluriempleo como un pelele de bienes raíces, un dentista adicto a cocaína al frente por un anillo de contrabando de heroína asiático, un actor de cine en la lista negra resurgiendo como una estrella de cine anticomunista B, una clínica de rehabilitación cuyas consignas New Age pueden enmascarar formas siniestras de la ingeniería psicológica y la chica, por supuesto, la figura imprescindible de la niña perdida, la niña secuestrada, la chica cooptada o corrupta cuya unreadability fundamental sería el alfa y el omega de todos los misterios. En Pynchons libro todo allí todavía no existen; las delineaciones brillantemente agudos del lugar (plásticos trikes en las yardas, gente regando las flores y trabajando en sus autos, los niños en las calzadas disparar aros, el chillido de alta frecuencia de un circuito de barrido de TV a través de una puerta de pantalla) bengalas contra la oscuridad y se descoloran hacia fuera. Doctor sí mismo finalmente no es más que un conducto para el lenguaje para aparearse con sí mismo, generar mundos dentro de mundos imaginarios, burbuja mundos risueños o inquietantes, una conciencia oscila siempre en el borde de la desaparición en conjunto.
Para la versión original, incluidas las imágenes complementarias o video, visite http://www.nybooks.com/blogs/nyrblog/2015/jan/03/pynchon-blue-shadow-inherent-vice/

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